5 cosas que sí o sí tienes que hacer en Hawái

Hawái es muchísimo más que playas bonitas y agua turquesa. Sí, todo eso existe y es tan espectacular como se ve en fotos, pero después de recorrer O‘ahu, Maui y Big Island, lo que más recuerdo no es una playa en particular. Recuerdo ver salir el sol a más de 3.000 metros de altura, caminar sobre un antiguo lago de lava, hacer snorkel con tortugas, probar comidas que probablemente hace unos años ni siquiera habría considerado y mirar un cielo con tantas estrellas que prácticamente no había espacio entre ellas.

Hay algo en los volcanes, las montañas, la comida, los atardeceres y esa conexión constante con la naturaleza que hace que Hawái se quede contigo incluso mucho después de volver a casa.

Después de recorrer tres de sus islas, estas son las 5 experiencias que para mí no pueden faltar en un viaje a Hawái.

1. Come local

Hace unos 15 años yo era de las personas que viajaba y no probaba casi nada nuevo. Sentía que mi tiempo y mi dinero estaban mejor invertidos en museos, paseos y experiencias, no en comida. Hasta que me di cuenta de que me estaba perdiendo una de las formas más bonitas de entender un lugar. Porque la gastronomía también habla de su historia, sus costumbres y de todas las culturas que han ido dejando huella.

Y en Hawái eso se nota muchísimo. Su comida tiene influencias polinesias, japonesas, chinas, filipinas, estadounidenses y portuguesas, y probar algunos de sus platos terminó siendo parte importante de nuestro viaje.

Este musubi de camaron y spam estuvo DI-VI-NO!

  • Musubi: probablemente uno de los snacks más populares de Hawái. Lleva una rebanada de Spam frito sobre un bloque de arroz que luego se envuelve en alga nori. Yo sé que la descripción no ayuda demasiado, pero te prometo que está divino. La combinación entre dulce y salado funciona demasiado bien y, además, lo venden prácticamente en todas partes. Nosotros terminamos comprándolo varias veces para llevar a la playa, comer en el carro o matar el hambre entre actividades.

  • Poke: originalmente era una preparación mucho más sencilla de pescado cortado, sal marina y algas, que fue evolucionando con distintas influencias culturales. Hoy encontrarás muchísimas versiones, toppings y acompañamientos. En Hale‘iwa, en el North Shore, fuimos a Poke For The People. Yo me pedí el salmón con seaweed salad, cangrejo, soya dulce y furikake. Estaba divino.

  • Kalua pork: tradicionalmente, el cerdo se cocina lentamente en un horno subterráneo llamado imu, utilizando piedras calientes. Nosotros lo probamos en Kono’s, en Hale‘iwa, donde pedimos los kalua sliders, tres mini pancitos semidulces rellenos de cerdo, repollo y salsa barbecue de guayaba, y el pork plate lunch con arroz y ensalada.

  • Loco moco: el nombre es un poco raro y cero provocativo, lo sé, pero es uno de esos platos que tienes que probar al menos una vez. Lleva arroz, carne de hamburguesa, huevo y gravy. Nosotros lo probamos en Heavenly Island Lifestyle, en Waikīkī, y estuvo súper rico. Es comfort food hawaiano en su máxima expresión.

  • Malasadas: son una especie de donas portuguesas súper esponjosas que llegaron a Hawái con la inmigración portuguesa. Tradicionalmente llevan azúcar por fuera, aunque hoy también las encuentras rellenas de chocolate, coco, guayaba o maracuyá. Las más famosas son las de Leonard’s Bakery, pero si estás en North Shore, las de Pā‘ala‘a Kai Bakery también están buenas.

No se ve muy apetitoso, pero les prometo que estaba súper rico.

Y eso fue solo el comienzo. También probamos shave ice, açaí bowls, banana bread y muchísimo udon, aprovechando la cantidad de opciones de comida asiática que hay en las islas. El banana bread de Halfway to Hana, en Maui, merece su propio capítulo porque honestamente no tiene competencia. Y el udon de Marugame Udon nos gustó tanto que terminamos yendo dos veces durante el viaje.

2. Ve el amanecer

Puedes ver amaneceres preciosos desde muchísimos lugares de Hawái, pero hacerlo desde la cima de un volcán, a 2.969 metros de altura y con un mar de nubes debajo, es otra cosa. Nosotros lo hicimos en Haleakalā, en Maui, y el madrugonazo vale completamente la pena.

Llegas cuando todavía está oscuro y poco a poco el cielo empieza a cambiar de azul profundo a lavanda, rosado y naranja. Después aparece el sol y, con la luz, empiezas a distinguir las formas rojizas y casi lunares del cráter que hasta ese momento estaban escondidas en la oscuridad. Se siente como estar en otro planeta.

Para ver el amanecer desde la cima necesitas reservar con anticipación porque el acceso entre las 3:00 y las 7:00 a. m. es limitado. La reserva cuesta $1 por vehículo y puede hacerse hasta 60 días antes. Además, hay que pagar la entrada al Haleakalā National Park, que cuesta $30 por vehículo y es válida durante tres días.

Y no subestimes el frío. Las temperaturas en la cima pueden acercarse a 0 °C durante la madrugada. Ve bien abrigado, aunque unas horas después estés otra vez en traje de baño.

3. Haz snorkel

En O‘ahu hicimos snorkel en el North Shore en febrero. Nosotros tuvimos la suerte de encontrar condiciones que nos permitieron pasar horas viendo peces, erizos de mar y hasta una tortuga. Sin embargo, esto no es común en esa época del año. Durante el invierno, esta zona es conocida por sus olas enormes perfectas para surfear.

Pero si hay un lugar que incluiría es Hanauma Bay. Este santuario marino protegido se encuentra dentro de un antiguo cráter volcánico y tiene una enorme variedad de vida marina. Pero una de las cosas que más me gustó no ocurrió dentro del agua. Antes de entrar, todos los visitantes tienen que ver un video sobre conservación marina. Explican cómo proteger los corales, por qué no debes tocarlos y cómo reducir tu impacto en un ecosistema tan frágil. Me gustó muchísimo que la experiencia empezara precisamente por ahí.

El acceso a Hanauma Bay es limitado y conviene reservar con anticipación.

En Maui también hicimos snorkel en varios lugares, pero nuestros favoritos fueron Kahekili Beach Park, también conocida como Airport Beach, y Honolua Bay. En esta última, parte de la experiencia es incluso llegar: para acceder a la playa atraviesas un bosque tropical precioso. Eso sí, las condiciones del mar importan muchísimo. En invierno puede haber oleaje fuerte, así que revisa siempre cómo está el agua antes de meterte.

Y si no quieres viajar cargando máscara, snorkel y aletas, no hace falta. Es muy fácil alquilar o comprar equipo en las islas. Nosotros incluso vimos sets completos en supermercados como Safeway.

4. Sube una montaña… o dos… o tres

Una de las cosas que más me gustó de Hawái es que puedes pasar de estar en la playa a subir una montaña o caminar dentro de un cráter volcánico en el mismo viaje. Y cada isla nos dio una experiencia completamente diferente.

En O‘ahu hicimos Diamond Head y Koko Head. Están relativamente cerca de Waikīkī y los dos tienen vistas espectaculares, pero ahí terminan las similitudes.

Diamond Head es el más accesible de los dos. El sendero atraviesa túneles, escaleras y antiguas estructuras militares antes de llegar al borde del cráter, desde donde puedes ver Waikīkī, Honolulu y el océano Pacífico. Es una caminata bastante fácil y una buena opción si quieres hacer un hike sin dedicarle medio día. Los no residentes necesitan reservar con anticipación. La entrada cuesta $5 por persona y el estacionamiento $10 por vehículo.

Koko Head es otra historia. Aquí subes 1.048 escalones siguiendo las vías de un antiguo tren militar. No hay sombra, los escalones son irregulares y en unos 2,5 kilómetros ida y vuelta ganas aproximadamente 365 metros de elevación. Es intenso, pero puedes hacerlo a tu ritmo y las vistas desde arriba hacen que el esfuerzo valga la pena. No necesitas entrada ni reservación. Eso sí: si está lloviendo, déjalo para otro día. Los escalones mojados pueden ser peligrosos.

En Maui, uno de mis favoritos fue el Pīpīwai Trail. El sendero atraviesa selva tropical, árboles gigantes, cascadas y un bosque de bambú impresionante antes de llegar a Waimoku Falls, una caída de agua de unos 120 metros que parece salida de una película.

Son aproximadamente 6,4 kilómetros ida y vuelta y unos 244 metros de desnivel. Está dentro del distrito de Kīpahulu del Haleakalā National Park, así que la entrada está incluida en el mismo pase del parque. Lleva zapatos cerrados, chaqueta de lluvia, repelente de insectos y protector solar porque las condiciones pueden cambiar muchísimo durante el recorrido.

Y después está Kīlauea Iki, en Big Island. Probablemente sea uno de los hikes más únicos que he hecho. El sendero baja unos 120 metros hasta el fondo del cráter y durante parte del recorrido caminas literalmente sobre el lago de lava solidificada que dejó la erupción de 1959.

A tu alrededor hay roca negra, grietas, vegetación intentando abrirse paso y un paisaje tan extraño que de verdad parece otro planeta. Pero lo que más impresiona es recordar que esto no es simplemente el rastro de un volcán que se apagó hace décadas. Kīlauea sigue siendo uno de los volcanes más activos del mundo. Estás caminando sobre la huella de una erupción pasada sabiendo que, debajo de ese paisaje aparentemente inmóvil, el volcán continúa vivo y puede volver a transformar el terreno. Pensar en eso mientras caminas por el cráter hace que la experiencia se sienta todavía más impresionante.

Manejar all the way to Hana para visitar el Pipiwai Trail vale 100% la pena.

5. Quédate a ver el atardecer… y las estrellas

El cielo más hermoso que he visto en mi vida fue en Hana, Maui. Después de cenar, decidimos pasar por Kaihalulu Beach. Estaba completamente oscuro. Sabíamos que el mar estaba cerquita porque lo escuchábamos, pero no podíamos verlo. El cielo estaba despejado y lleno de estrellas. Sin luna. Sin luces. Solo la noche, el sonido de las olas y millones de estrellas encima. No hubo tour, telescopio ni una gran planificación detrás. Simplemente estábamos allí. Y terminó siendo uno de esos momentos que se quedan contigo.

Muy diferente fue nuestra experiencia en Maunakea, en Big Island. Esta sí la habíamos planificado. Hicimos un tour que subía hasta la zona de la cumbre para ver el atardecer y después observar las estrellas.

A 4.205 metros sobre el nivel del mar, el paisaje ya es impresionante incluso antes de mirar hacia arriba: tierra entre anaranjada y roja, piedras por todas partes y, cuando nosotros fuimos, hasta había zonas cubiertas de nieve. El plan era ver el atardecer desde ahi, pero las nubes tenían otros planes.

Durante un rato parecía que no íbamos a ver prácticamente nada. Por suerte, a medida que fue anocheciendo el cielo empezó a despejarse y pudimos ver la luna y las estrellas. Los guías nos fueron mostrando constelaciones y explicando cómo los antiguos polinesios utilizaban las estrellas para orientarse durante sus viajes por el Pacífico. Y quizás precisamente porque el cielo no se comportó como esperábamos, terminé disfrutando todavía más el momento en que finalmente comenzó a despejarse.

Si prefieres subir por tu cuenta, necesitas un vehículo 4x4 para llegar a la cumbre. También debes permanecer al menos 30 minutos en el Visitor Center para aclimatarte a la altura antes de seguir.

Tampoco subestimes el frío ni la altitud. Las condiciones pueden cambiar rápidamente y la altura no afecta a todo el mundo de la misma manera.

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4 días en Big Island: volcanes, hikes, Maunakea y playa verde

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Lo que quedó pendiente: 7 cosas que me hubiese gustado hacer en Hawái